8 Abr, 2008
Reflexiones en torno a la huelga de Justicia
La finalización de la huelga del sector judicial dependiente de la Administración Central ha dejado cierta perplejidad en el ambiente. La rápida conclusión de un conflicto que se alargaba por espacio de dos meses no ha hecho más que delimitarnos donde se acaba el sindicalismo y donde empieza la polÃtica. Y no sólo eso, sino que ha constituido una asombrosa lección práctica de sociologÃa sobre el papel de la masa social, más concretamente de como se articula, de como actua como un actor único y de como finalmente, las elites sociales acaparan este movimiento, lo interpretan y lo anulan según sus propios intereses.
Trataremos de despejar algunas incógnitas. En primer lugar, está claro que ha sido una victoria sindical. Hasta un diario tan progubernamental como El PaÃs reconocÃa sin ambajes este hecho. Hablaba de la asunción de casi todos los objetivos sindicales y se interrogaba sobre la tardanza de dos meses en llegar a tal solución. De aquà surge una primera reflexión: de una reivindicación tan justa y tan hegemónica en su consideración, se han necesitado dos meses de huelga y de lucha. El corolario está claro: hay que aguantar y tensar hasta tal extremo las cosas que se ponga todo al borde del abismo: saltan todas las alarmas, se intuye el caos, se santifica al ciudadano y se criminaliza al trabajador. Otra cosa no sirve, parece que el Estado no entiende otro lenguaje que el de la tensión extrema(con o sin violencia).
Cuando la situación llega a tal extremo que no hay vuelta atrás, llega la hora de la negociación de verdad. Sin embargo, este extremo ha significado que desde el lado sindical se desprecie el papel ejercido por los representates dotados con legitimidad para negociar, directamente interpelidos por sus representados y sean sustituidos por sus superiores, unos dirigentes que no tienen papel directo en el conflicto. Desde la prensa se aireó el hecho de que "habÃan perdido la confianza". Puede que la confianza la perdieran los representantes del ministerio de justicia, asalariados y subordinados al fin y al cabo, del ministro Bermejo, pero nunca de los representantes sindicales de CCOO y UGT cuya confianza radica en el apoyo de los miles de trabajadores afiliados y sin afiliar, pero nunca de sus superiores y menos aún del propio ministerio.
Está claro que el sacrificio de los negociadores de CCOO y de UGT ha sido un precio polÃtico a pagar para sacar al ministerio de justicia del atoyadero en el que estaba metido, pero nuestros sindicatos no tendrÃan que haber entrado en este juego.
También parece que ha quedado un poco en entredicho la capacidad democrática de los sindicatos. No sólo por quitar a los negociadores legÃtimos y colocar a otros ajenos impuestos por el gobierno, sino por el hecho de firmar un acuerdo sin llevarlo a refrendo a las bases. Los compañeros que negociaban desde primera hora llegaron a un preacuerdo dÃas atrás, lo sometieron a votación, perdieron y siguieron adelante con la movilización dando un gran ejemplo de responsabilidad democrática y liderazgo efectivo; los secretarios generales han firmado directamente con el ministro como si no se fieran de los compañeros/as. Los otros sindicatos minoritarios sà han llevado el acuerdo a referendum (una maniobra redundante de todos modos) y ese 61% de apoyo se queda muy corto para una consulta de esas caracterÃsticas e indica bien a las claras, la fractura que se adivina en el mundo laboral de la justicia.
En fin, no nos extenderemos más. Es una victoria con sabor a derrota. En todo el proceso se ha evidenciado con claridad cuales son los cauces marcados asignados al sindicalismo de clase pero también cual es la frontera infranqueable. Como última reflexión, no estarÃa demás que el ayuntamiento de Barcelona tomara buena nota del desarrollo y desenlace este conflicto y deje de martirizarnos con el conflicto de los autobuses. La reivindicación de los autobuseros de TMB es del mismo estilo que la de los trabajadores de los juzgados, por ello harÃa bien en no tensar la situación hasta lÃmites extremos para luego conceder los dos dÃas. Enhorabuena para los compañeros de justicia de las comunidades dependientes del Ministerio y suerte a los compañeros de TMB (para los afiliados de UGT que apoyan también las movilizaciones!)
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